
jueves, 23 de diciembre de 2010
viernes, 10 de diciembre de 2010
A toda pastilla

Hoy cantará aquello que dice, “Como ave precursora de primavera, en Madrid aparece la violetera…”.
Hoy cumple noventa y ocho años y es mi abuela madrileña porque la gallega pasea con los ángeles desde hace tiempo.
Hoy nos invita a todos a su casa y con un poco de suerte, para nosotros, habrá hecho tortillas y croquetas como sólo ella sabe hacerlas.
Hoy, como siempre, se habrá levantado temprano.
Hoy irremediablemente echará la vista atrás.
Hoy hará su brindis que desde hace algunos años es siempre el mismo: “Bueno, pues que lleguemos al año que viene”.
Hoy cumple noventa y ocho años y es mi abuela madrileña porque la gallega pasea con los ángeles desde hace tiempo.
Hoy nos invita a todos a su casa y con un poco de suerte, para nosotros, habrá hecho tortillas y croquetas como sólo ella sabe hacerlas.
Hoy, como siempre, se habrá levantado temprano.
Hoy irremediablemente echará la vista atrás.
Hoy hará su brindis que desde hace algunos años es siempre el mismo: “Bueno, pues que lleguemos al año que viene”.
Y será así porque mi abuela va a toda pastilla camino de los cien.
jueves, 9 de diciembre de 2010
La Puerta del Sol

Se trata de una imagen que en un momento formó parte de mi vida. Así tal cual se ve. Hoy ya no existe como tal. La foto me trae a la memoria algún que otro recuerdo de la niñez... No son muchos; la parada del tranvía que acababa en la Puerta del Sol y los paseos vespertinos, de la mano de mi madre, para pegar la nariz en el cristal de los escaparates de las jugueterías de la calle del Príncipe. Paseos que acababan en una visita al Banco Hispano Americano donde trabajaba mi padre.
Los recuerdos de La Cabalgata de Reyes también están unidos a esta imagen. Ahí es donde veíamos pasar las carrozas. Un año, después de la cabalgata, mis padres me llevaron al cine reponían “Tarzán y su hijo”. Esa noche los reyes me dejaron una muñeca que todavía conservo y que se llama Dulcita.
Los recuerdos de La Cabalgata de Reyes también están unidos a esta imagen. Ahí es donde veíamos pasar las carrozas. Un año, después de la cabalgata, mis padres me llevaron al cine reponían “Tarzán y su hijo”. Esa noche los reyes me dejaron una muñeca que todavía conservo y que se llama Dulcita.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Sin Título

Hablan en voz baja. Juegan al escondite y se refugian en gestos disimulados. Les gusta viajar a lugares secretos que callan. En ocasiones se paran durante mucho tiempo en un punto y aparte. Sé que están latentes pero entre comillas y es que son un tanto reservadas. De vez en cuando, sobran y otras veces son pocas. Esporádicamente habitan en lo recóndito o se escapan con las musas. Algunas queman. Otras son necias. El caso es que ahora les da por ir desnudas y se han hecho de aliento, además de invisibles. Sé que están ahí por eso a veces se escupen y otras se las lleva el viento. Por momentos son sueltas, eternas, envenenadas, dulces, últimas… o divinas como aseguró Valle- Inclán
Ahora me he quedado sin ellas. Me faltan palabras.
Ahora me he quedado sin ellas. Me faltan palabras.
martes, 9 de noviembre de 2010
Sinatra canta en el cielo

Perdidos en minutos infinitos
Tan solitarios como aquel abrazo
No me dijo tiernamente
No te vayas de mi lado.
Un bolero se abrazaba a mi cintura y mis caderas
Mientras mi corazón callaba
“vendré siempre que tu quieras”
Y Sinatra canta en el cielo
“la Chica de Ipanema”.
Perdido en un sueño tuyo
Me estrujaba la cabeza
El influjo de la luna
No dejaba de dar vueltas
Y Sinatra canta en el cielo
“La Chica de Ipanema.
Te regalo ahora este verso
Solitario como aquel abrazo
Te envío con el un beso
Que no devolverán tus labios.
Un bolero se abrazaba a mi cintura y mis caderas
Mientras susurra Sinatra “The girl of Ipanema”
Tan solitarios como aquel abrazo
No me dijo tiernamente
No te vayas de mi lado.
Un bolero se abrazaba a mi cintura y mis caderas
Mientras mi corazón callaba
“vendré siempre que tu quieras”
Y Sinatra canta en el cielo
“la Chica de Ipanema”.
Perdido en un sueño tuyo
Me estrujaba la cabeza
El influjo de la luna
No dejaba de dar vueltas
Y Sinatra canta en el cielo
“La Chica de Ipanema.
Te regalo ahora este verso
Solitario como aquel abrazo
Te envío con el un beso
Que no devolverán tus labios.
Un bolero se abrazaba a mi cintura y mis caderas
Mientras susurra Sinatra “The girl of Ipanema”
lunes, 1 de noviembre de 2010
Entre fantasmas

Se adelantó unas horas y al contrario de otros fallecidos, ella, vino la víspera de Difuntos. Tres años después de su tránsito aquella a la que tanto quise vino a verme para tan sólo darme un mimo en forma de abrazo. Así que la percibí, durante unos instantes, invisible a mi lado. Después, tan sólo, se dejó ver en el momento en que sus brazos me rodeaban.
Mi tía Chica, a la que le faltaba una mano, siempre supo envolverte de una forma especial. Lo hizo siempre de la misma manera que cuando eras una cría. Apretándote entre sus brazos con risas inolvidables. De este mismo modo, ayer, lo repitió. Y yo, además de sentir su mano derecha y el muñón de la izquierda en mi espalda, advertí que ella estaba extraordinariamente feliz. Solamente no recordaba nada de su último día entre nosotros. Y yo no se lo dije.
Mi tía Chica, a la que le faltaba una mano, siempre supo envolverte de una forma especial. Lo hizo siempre de la misma manera que cuando eras una cría. Apretándote entre sus brazos con risas inolvidables. De este mismo modo, ayer, lo repitió. Y yo, además de sentir su mano derecha y el muñón de la izquierda en mi espalda, advertí que ella estaba extraordinariamente feliz. Solamente no recordaba nada de su último día entre nosotros. Y yo no se lo dije.
domingo, 26 de septiembre de 2010
Un verano azul


Una palmera, dos palmeras, tres palmeras: Palmeira
El mar y noventa y ocho gaviotas
Y el bar donde comí una deliciosa vieira
Y la playa donde a cuentagotas
Llegaban erosionados cristales de colores.
Noventa y ocho gaviotas
No cien.
A la temporada de caza se adelantaba el Les.
Y Hada le seguía de mil amores.
En hermosos paseos al amanecer.
Palmeira: Una palmera, dos palmeras, tres palmeras
El mar y noventa y ocho gaviotas
Y el arenal donde desgasté mis playeras
En pasear con mis mascotas.
El mar y noventa y ocho gaviotas
Y el bar donde comí una deliciosa vieira
Y la playa donde a cuentagotas
Llegaban erosionados cristales de colores.
Noventa y ocho gaviotas
No cien.
A la temporada de caza se adelantaba el Les.
Y Hada le seguía de mil amores.
En hermosos paseos al amanecer.
Palmeira: Una palmera, dos palmeras, tres palmeras
El mar y noventa y ocho gaviotas
Y el arenal donde desgasté mis playeras
En pasear con mis mascotas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)